Diseño Social {Evadiendo la definición}

{Artículo en construcción}

El pragmatismo occidental nos lleva a la constante búsqueda de definiciones y nuestra cerrada mente nos lleva a creer que las encontramos. En esa búsqueda, una de las más comunes víctimas son las áreas del conocimiento (disciplinas, ciencias, profesiones, etc.); en esa línea, solemos preguntar (o ser preguntados) ¿Diseño? ¿Eso qué ES? o ¿Qué hace un diseñador? Ya había expresado mi molestia hacia esas preguntas en una publicación pasada, pero esta buscará explorar por qué nos hacemos este tipo de preguntas y cómo podemos dar algún tipo de respuesta satisfactoria a nuestros interlocutores.

“El pragmatismo occidental nos lleva a la constante búsqueda de definiciones y nuestra cerrada mente nos lleva a creer que las encontramos”

Cuando me preguntan ¿qué es diseño? o ¿qué hace un diseñador? Mi respuesta es rápida y sencilla: no se. Hace algún tiempo tuvimos un invitado en una de las clases que facilito en la UJTL; él, historiador, le contaba al grupo cómo es que una persona con los antecedentes de formación académica que el tenía había terminado dando clase en un programa de diseño: él se justificaba en el mercado laboral (lo cual no niego que sea cierto), aunque yo creo que el asunto es más estructural que coyuntural. La universidad, y nuestro paso por ella, ha de servirnos para ayudarnos a formar una manera de ver el mundo, antes de definir qué es lo que habríamos de hacer; esa manera de ver el mundo, claro está, permea en cómo abordamos las situaciones ante las cuales nos enfrentamos en nuestra vida cotidiana y profesional: esto sonará a disco rayado, pero, lo que estudiamos no define lo QUE hacemos, tanto CÓMO o hacemos. Al respecto de esto, Anne Mieke Eggenkamp, Directora de la Academia de Diseño de Eindhoven, dice en una entrevista que la escuela les ayuda a los estudiantes a aprender (no enseñan) una mentalidad (pues, al igual que Krippendorff, dice que el diseño es una disciplina que no se puede disciplinar) para abordar el campo en el que se quieran desarrollar.

Imagínense que le dieron esta respuesta a su interlocutor… me atrevo a decir que fue todo menos satisfactoria; lo digo por experiencia, pues fue más o menos la respuesta que le di a un profesor que me encontré recientemente, al respecto de la Maestría en Diseño Social que muy seguramente emprenda, y lo vi despedirse más contrariado que cuando nos saludamos. Como la respuesta fue tan poco satisfactoria para el pragmático profesor, intentaré reunir algunos ejemplos que considero se pueden considerar resultado de un ‘Diseñador Social’ (no necesariamente con un título que lo pruebe -claro). Para esto, valdría la pena hacer una pequeña aclaración al respecto de una posición personal: no existe tal cosa como la industria del diseño, existe es el trabajo de diseño transversal a diversas industrias. ¿Han oído alguna vez hablar de la industria de la ingeniería? Creo que no, y es porque entienden que los ingenieros han de trabajar a través de todas las industrias; igual pasa con el diseño, que ha de saber cómo ha de aportar a determinadas industrias. En el caso del Diseño Social, podríamos decir que se puede alejar un poco del paradigma industrial y tener mucho más que ver con las relaciones sociales que nuestros proyectos generan.

Diseño humanitario

La dimensión más obvia (pero a la vez más obtusa) de diseño social (buen artículo en Wikipedia el respecto) ha de ser la del diseño humanitario o diseño para el otro 90%, lo cual me parece absolutamente válido, pero insuficiente. Es la más obvia pues apela a nuestro sentido racional de las cosas, en el que tendemos a juzgar inmediatamente las cosas por lo que conocemos y conocemos lo social como ayudar a los que más lo necesitan (una visión un tanto asistencialista, diría yo). Esta visión podríamos enmarcarla en lo que decía Papanek hace 40 años, en el sentido de diseñar para necesidades reales.

Diseño participativo y/o colaborativo

El diseño participativo hace referencia a la inclusión de todos los stakeholders en el proceso de diseño; en este caso, se entiende lo social como las distintas relaciones que se dan en el proceso de diseño. Algunos de los teóricos que soportarían esta visión son Klaus Krippendorff y John Thackara, quienes hacen un llamado a desmitificar la figura de EL usuario, y entrar a considerar una red de actores implicados que apoyan y complementan el proceso de diseño. Es comúnmente aplicado para el diseño de servicios.

Diseño para la innovación social (comunidades)

Esta puede ser otra de las más populares acepciones de lo social del diseño (y es que en vez de preguntar qué es diseño social, habrían de preguntar qué es lo social del diseño), gracias a las labores del grupo DESIS (Design for Social Innovation) del profesor Ezio Manzini. En estos proyectos se busca, de alguna manera, re-diseñar las relaciones de algunas comunidades para generar nuevas redes (o mejorar las existentes) en pos de mejorar la calidad de vida de sus miembros. En estos proyectos, raramente los resultados son materiales.

Diseño para generar cambios de comportamientos

Una de las perspectivas más relevantes del diseño social en el contexto y el momento en el que vivimos ha de ser la que busca generar cambios en los comportamientos o malos hábitos de las personas y comunidades. Un ejemplo muy ilustrativo de esto, es el proyecto patrocinado por Volkswagen alrededor del mundo, llamado The Fun Theory, que buscaba generar reflexiones alrededor de comportamientos cotidianos de los habitantes de una ciudad (arrojar la basura en una caneca, subir por las escaleras normales en vez de las eléctricas, etc.), y cómo estos se podían cambiar haciendo la actividad divertida. Este tipo de proyectos podrían tener una implicación social y política aún mayor, si se pensara como tal; a mediados de los años 90’s, en Bogotá, Antanas Mockus emprendió una serie de acciones para propiciar cambios positivos de comportamiento en la ciudad, logrando que la gente se auto-regulara en su actuar público. Las acciones eran de muchos tipos, incluyendo unas tarjetas para la regulación cultural en las vías hasta mimos que ‘sancionaban socialmente’ los comportamientos no-cívicos de los ciudadanos, especialmente de los conductores. Este tipo de acciones se presentan como algo sumamente relevante e, incluso, necesario, para neutralizar comportamientos altamente nocivos para la sociedad como la corrupción (en todos los niveles).


Diseño como respuesta a un fenómeno social

Todas las visiones anteriores me parecen válidas, pero insuficientes. En su ponencia para el Foro Desconcentrar el Diseño llevado a cabo en la Universidad Nacional de Colombia en Noviembre de 2010, el profesor de La Tadeo César Sierra hizo algunas reflexiones alrededor del diseño y la responsabilidad desde la innovación social. En esta, hace un profundo (e histórico y filosófico) análisis de lo social, sin caer en la obviedad que muchos caen; de allí que quiero plantear esta dimensión del diseño social, como una respuesta (desde el diseño) a fenómenos sociales (entendidos como aquellos en los que distintos seres humanos se relacionan de una u otra manera). Un ejemplo de esto, para mí, es el proyecto inmersivo que desarrollaron 4 de los más importantes diseñadores de droog para un pueblo alemán llamado Oranienbaum: Couleur Locale; para este proyecto, los diseñadores fueron a trabajar para identificar los fenómenos sociales particulares a ese contexto y plantear los proyectos idóneos para esas situaciones sociales específicas.

El diseño como activismo social (y político)

Los diseñadores suelen huirle a la palabra política, haciendo el gesto de eso-no-va-conmigo; lo que ignoran es que el diseño (en cualquiera de sus manifestaciones) es, en si mismo, un acto político. Ahora, Anne Thorpe, en un artículo titulado Defining Design as Activism, se cuestiona si acaso no todo acto de diseño, al ser un acto político y con gran incidencia social, es una forma de activismo; pero la diferencia radica en que el activismo consiste en la coordinación de acciones para un fin en particular, ligado necesariamente a un fenómeno social que se quiere afectar. Uno de los autores que se ha encargado de fundar unas bases para el diseño como activismo es Alstair Fuad-Luke, un profesor y consultor en diseño sostenible en el Reino Unido, quien con su libro Design Activism ha logrado concentrar los esfuerzos al respecto. Un claro ejemplo del diseño como activismo son los recientes hechos ocurridos en el mundo árabe y lo que esto ha desencadenado, en particular, el movimiento de los indignados en España quienes, con creatividad, se han vuelto activistas en exigir lo que ellos llaman una democracia real. Para hacer activismo hay que tener una causa; acá pueden ver un collagge con varias imágenes de las protestas de los indignados (movimiento 15-M) en España.

Me pueden volver a preguntar ¿Qué es diseño social? y tengan la seguridad que les responderé lo mismo: no se, pero espero que esto ayude a enmarcar un poco el tipo de proyectos en los que podría intervenir un diseñador social, y la manera en que lo haría. Una última reflexión: hablábamos con un amigo (colega diseñador) de lo triste que era nuestra profesión por tener un campo llamado diseño social… estoy de acuerdo, no puede ser un enfoque, por eso el llamado es a preguntarse qué es lo social del diseño, así como he hecho como diseñador industrial sobre lo industrial del diseño.